
FLORECE EL ALMA DEL POETA
Y florece el alma del poeta
cuando escribe
como los crisantemos florecen en otoño.
Brilla con luz propia
toda la esencia del ser que es
y convertido en luciérnaga gigante
queda.
Cuando grabados quedan
en versos sus sentimientos,
nace un alud de sensaciones
como agua que corre agitada,
serpenteante y esquiva,
despertando corazones
convertidos en piedra hueca.
Sacudida previa a un corrimiento de tierra,
mi alma se estremece
con la belleza que encierra
el profundo sentir
del silencio del poeta.
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