poemas Cristina Ereñú

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FLORECE EL ALMA DEL POETA

Y florece el alma del poeta

cuando escribe

como los crisantemos florecen en otoño.

Brilla con luz propia

toda la esencia del ser que es

y convertido en luciérnaga gigante

queda.

Cuando grabados quedan

en versos sus sentimientos,

nace un alud de sensaciones

como agua que corre agitada,

serpenteante y esquiva,

despertando corazones

convertidos en piedra hueca.

Sacudida previa a un corrimiento de tierra,

mi alma se estremece

con la belleza que encierra

el profundo sentir

del silencio del poeta.

 

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